domingo, 30 de diciembre de 2018

Sobre arte y locura... y cajas de arena.

¡Danzón dedicado a Jorge Juanes y Jonathan Caudillo, de los profesores más luminosos con los que he tenido el honor de toparme en esta año!


INTRO  (a manera de aclaración y de medio disculpa).   

 La historia del arte frecuentemente se ha visto marcada por sistemas de poder hegemónicos occidentales –la gran historia del arte europeo-, que indican lo que “es el Gran Arte”, de lo que aparentemente no lo es[1]. En este texto se examinará, por medio del arte marginal y muy en específico el trabajo de Louis Wain, un co-relato que pone en entredicho la rigidización que propone esta mirada histórica antes mencionada.

Para apoyar la argumentación, se retoman las nociones de signo (Charles S. Peirce), símbolo (Charles S. Pierce y Gilbert Durand), aparato y dispositivo (Jean-Louis Déotte).

En cuanto al corpus de este ensayo, se analizarán algunas obras de dos etapas específicas de Wain: Las postales de su trabajo como ilustrador comercial y las imágenes  de la etapa de internamiento en el Centro de rehabilitación del Hospital Real de Bethlehem.


1.1 Sobre el Arte Marginal (o de cómo lo loco no quita lo artista)


El término Arte Marginal es acuñado en 1972 por Roger Cardinal y es trasladado al inglés desde el concepto de Art Brut que había sido concebido por el artista francés Jean Dubuffet para describir el arte creado fuera del perímetro establecido por los lineamientos de la cultura hegemónica.

Mientras que el término de Dubuffet era bastante acotado - su interés se dirigía especialmente hacia las manifestaciones artísticas llevadas a cabo por pacientes de hospitales psiquiátricos- el término Arte marginal incluye también a los artistas autodidactas o naïf, hayan estado o no internados en una institución psiquiátrica.

El artista marginal es por tanto aquel que desarrolla su labor creativa de manera periférica o externa a las instituciones artísticas establecidas, respondiendo a una fuerte motivación personal y haciendo uso muchas de las veces de materiales y técnicas inéditos. Una gran parte del arte marginal refleja estados mentales extremos, idiosincrasias particulares o elaborados mundos de fantasía y no se preocupa primordialmente de entenderse como un bien cultural comercializable.

Es, por tanto un arte que no está basado ni en la idea de innovación o estilos históricos, ni en búsquedas plásticas formales, ni en ser un bien de compra-venta. Busca ser un medio de reflexión personal y dialogar con la idea de representación de manera no-tradicional.


1.2 Sobre Louis Wain (el loco de los gatitos).


[2]
   

Artista de nacionalidad inglesa nacido en 1860, estudió en la West London School of Art, trabajó como docente e ilustrador especializado en temas animales.

A partir de los treinta años de edad y después de padecer la enfermedad crónica que llevaría a su esposa a la tumba, cae en una crisis depresiva, manifestando cambios de humor y alteraciones de conducta, por lo cual su familia decidió internarlo en un hospital mental estatal, en ese lugar se le diagnostica esquizofrenia y por intermediación del Primer Ministro de Inglaterra, se le traslada al Hospital Real de Bethlem. Ahí continuará su producción artística de manera libre y experimental.

Es importante recalcar aquí que la obra de Wain fue considerada un “arte menor”, por su carácter popular, hasta su recuperación por medio de los conceptos de Art brut y Arte marginal. No es hasta ese momento que a su producción se le puede dar un estatus de “Arte” y reconocerlo como una voz potente y atípica en cuanto a su visualidad.


1.3 El signo y el símbolo en el arte (de definiciones y explicaciones) .


    Para entender el trabajo de Wain y su valor como creador visual, podemos comenzar apoyándonos en los conceptos de signo y símbolo, propuestos por los autores Charles S. Peirce y Gilbert Durand.

Para Charles S. Pierce, autor semiótico,  el signo es  algo que está para alguien en lugar de otra cosa, su objeto, en algunos de sus aspectos, es decir una figura de mediación entre el sujeto y los diversos objetos o fenómenos del mundo que lo rodea. Esto es importante por que los signos nos permiten establecer significados consensuados en lo colectivo permitiendo la comunicación y la cultura.

Pero, matizaría Peirce, no todos los signos son idénticos ya que varían en significado e intención y esto permite que los lenguajes -verbales, paraverbales, sonoros, visuales- puedan tener riqueza y diferenciación. Así podemos referir que éste autor genera un modelo para entender tres niveles de relación entre el signo y el objeto de lo real: ícono, índice y símbolo. El autor sobre esto nos comenta:


… el signo o ícono esquemático, que muestra o analogía con el sujeto del discurso; el segundo es el índice que, como un pronombre demostrativo o relativo, obliga a la atención al objeto particular pretendido sin describirlo; el tercer (o símbolo) es el nombre general o descripción que significa su objeto por medio de una asociación de ideas o conexión habitual entre el nombre y el carácter significado. (Peirce 1958)[3]


Entonces, el ícono es un signo de semejanza fiel, es decir, busca ser lo más cercano posible al objeto que refiere, como puede ser el caso del dibujo de copia al natural o la pintura hiperrealista. El índice es una relación causa-efecto, como lo puede ser la técnica gráfica del frottage o el action painting, acá la cercanía con el objeto es menos “literal”, no hay una búsqueda de la representación retiniana.

Sobre el símbolo, apunta Peirce, hay una relación de arbitrariedad en cuanto al objeto, mediada por la convención social. Es un signo que no tiene una relación inmediata ni causal y por lo mismo, está relacionado con una parte muy pequeña del objeto de lo real, muestra de ello serían las representaciones de dios o los santos en la pintura religiosa del medioevo o la pintura monocromática de Yves Klein.

Propuesto así, pareciera ser cosa fácil, pero es donde vemos que los símbolos mutan y que contienen una mucho mayor ambigüedad que nos damos a la tarea de profundizar sobre el símbolo desde el campo de la hermenéutica.

El símbolo es importante por que su  nivel de representación no es explicativo o demostrativo, sino que pide la comprensión –como propone Wilhelm Dilthey[4]- de su contexto para poder ser descifrado por el receptor del mensaje y aún así, en el trabajo de desentrañarlo sabemos que este intento nunca podrá ser total o abarcador, sino sólo un acercamiento a un tipo de signo por demás evanescente y escurridizo.

Así, podemos en este momento integrar a Gilbert Durand. Este autor mantiene sobre el una cualidad de mediación entre la intuición y lo tangible, entre lo trascendente y lo mundano, entre lo sagrado y lo cotidiano. Sobre esto, en su texto La imaginación simbólica[5] sostiene:


…volvemos a nuestra comprobación inicial: la de que el símbolo, en su dinamismo instaurativo en busca del sentido, constituye el modelo mismo de la mediación entre lo Eterno en lo temporal. (Durand, 1968)


El símbolo es para Durand, un espacio de significación de todo aquello que no es literal o que es sumamente complejo, los símbolos son aproximaciones temporales y contextuales a fenómenos como la muerte, el amor, la libertad, que no tienen una sola manera de ser comprendidos por las colectividades.

También nos comenta que los símbolos son reiterativos, es decir, que no tienen una manera de representación fija y que por lo tanto, en las formas inagotables de la representación está su potencia:


…remite a un significado inefable e invisible, y por eso debe encarnar concretamente esta adecuación que se le evade, y hacerlo mediante el juego de las redundancias míticas, rituales, iconográficas. Que corrigen y completan inagotablemente la inadecuación. (Durand, 1968)


Y es justamente así que los símbolos y sobre todo los símbolos visuales inscriben un misterio al cual se puede acceder de manera integral mediante la imaginación, la intuición y la poética, ya que son justamente no comprobables, ni verificables por no pertenecer al campo de las ciencias de lo natural (Dilthey dixit).

Para Durand toda aquella imagen que se basa en la mera copia o una simple causa-efecto es entonces despojada de misterio y convertida en mero ejercicio de virtuosismo, un objeto con una muy reducida capacidad poética:


…acentúa el significante a tal punto que se desliza del ícono a una imagen muy naturalista, que pierde su sentido sagrado y se convierte en simple ornamento realista, en simple “objeto artístico” (Durand, 1968)


Entonces, entendemos que el símbolo es importante ya que en él recae la tarea de representar todo aquello que nos hace humanos en cuanto a nuestra capacidad imaginativa y en cuanto a nuestra potencia creativa.

Pero ¿qué pasa cuando el campo de lo simbólico se ve forzado a representarse ad nauseam de una manera fija, por una mirada que pretende hacerlo inmutable?


1.4 Sobre aparato y dispositivo ( tas viendo y no ves!) .


El filósofo e historiador, Jean-Louis Déotte, en el texto ¿Qué es un aparato estético?[6] propone dos conceptos para comprender el campo moderno de la estética y la relación entre arte y política: Aparato y dispositivo.

La noción de aparato surge con el teórico Walter Benjamín y es retomado por el autor para explicar como los medios de reproducción de las obras de arte generan un tipo específico de sensibilidad –cosmética- que hace época. Es decir, implican un cambio a la sensibilidad y al entendimiento y enmarca nuestra visión del mundo, sobre esto el autor comenta:

Son los aparatos que otorgan propiedad a las artes y les imponen su temporalidad, su definición de la sensibilidad común, así como de la singularidad cualquiera. Son ellos los que hacen época y no las artes. Esto implica acabar con la pretensión de establecer un conocimiento sobre la imagen, una semiología general de la imagen; como si pudiésemos, en efecto, comparar las pinturas de Lascaux y los dibujos de Magritte. Lo que importa, en este sentido, es el estudio de la imagen y del soporte, o bien de la superficie de inscripción. (Déotte, 2012)

        
Así el aparato es posibilidad, en el sentido de que genera entendimiento de la simultaneidad de tiempos y miradas y aporta flexibilidad a nuestra comprensión de la historia como un fenómeno multidimensional y multitemporal.

En cambio la noción de dispositivo, retomada por el autor desde la perspectiva de Foucault, implica una inconsciencia ya que genera una falsa sensación de eternización, es un entendido “naturalizado” que no cuestiona y no comprende que lo que experimenta es sólo una manera de representar el mundo ya que está inmerso en su propia época y esto hace que esta estética se tome como un “sentido común”, una sensibilidad y un entendimiento rigidizados que se explican, más que comprenderse, que interpretarse. Sobre esto el autor menciona:


Conservemos por el momento la idea de una relación entre las artes y los saberes (la estética teórica y la historiografia del arte para el museo). Los saberes y las artes están siempre configurados por los aparatos, por medio de dispositivos técnicos epocales…

Sabemos que el aparato tiene también como sentido la solemnidad, el adorno, etc. Es ridículo criticar la «estetización» de nuestro mundo. Cada época configura el fenómeno gracias a un aparato, transformándolo en digno de aparecer. Cada sociedad posee valores estéticos diferentes, dado que las singularidades dan lo mejor de ellas mismas al aparecer unas frente a otras dentro de la esfera pública. La moda siempre estuvo a la moda. (Déotte, 2012)


El aparato entonces es un momento en el devenir histórico que pareciera ser eterno, es decir, que se nos muestra como “la manera” de entender la estética de ese tiempo espacio. Esto es importante por que es el poder hegemónico de este tiempo y espacio definidos el que decide por medio de los aparatos, cual es la “mirada predominante”, todo lo que queda al margen puede ser tomado como una antigualla o un sinsentido.

Entendido esto podemos ver que es el poder el que define miradas y discursos privilegiados, manteniendo a todo no inscrito en sus parámetros como lo que no “vale la pena de tomarse en cuenta”. Todas las instancias político-culturales –museo moderno, galería- y sus definiciones –arte, artesanía- venidas por él son, por definición, partes de la articulación que lo sustentan y lo argumentan.

Pero es justamente en la reformulación de las maneras en las que se revelan los símbolos que podemos salir del paradigma del dispositivo, para entrar al campo del aparato donde la imagen, la poesía, se encargan de desmontar el control que el poder hegemónico trata de volver eterno.


1.5 Wain y los gatitos: del ícono al aparato (salto de tercer grado de complejidad con todo y caja de arena…)

    Egresado de la West London School of Arts, este artista encuentra su interés temático en la naturaleza, en el paisaje y en los animales, volviéndose artista independiente haciendo trabajos a comisión para revistas, periódicos, empresas de tarjetas postales y ferias agrícolas. Teniendo gran éxito logra posicionarse de manera cómoda en el campo de la ilustración comercial y alimenta la ilusión de, en un futuro, mantenerse haciéndose retratista de perros.

Es para el año de 1883, contrae nupcias con Emily Richardson que en poco tiempo cae enferma, presa de un cáncer que la llevaría a la tumba en tres años. Durante su convalecencia Wain la consuela usando a su gato como un personaje: le pone lentes y lo humaniza, haciéndola reír y hace bocetos del felino para mantenerla entretenida en su lecho. Estos dos sucesos que parecieran sin importancia, marcarán el futuro de Louis de manera decisiva.



Los bocetos del gato, sirven como base para su trabajo para el The Illustrated London News, teniendo gran aceptación por el público, pero este éxito se ve opacado en gran medida por la depresión y la ansiedad derivada del fallecimiento de Emily. Ya para 1900 Wain es un ilustrador renombrado y su producción es de más de 600 imágenes por año, estas están pensadas para aparecer en libros, revistas y postales. Lamentablemente para el año de 1920, debido a la guerra y a su poca gestión administrativa se encuentra en una situación de pobreza; esto aunado a un duelo mórbido por su esposa va debilitándolo mentalmente hasta un punto de quiebre donde se familia decide internarlo en el London’s Springfield Mental Hospital en 1924 y de ahí, por indicación del Primer Ministro Ramsay MacDonald se traslada al The Bethlem Royal Hospital.

Durante su estancia en estos hospitales, el autor sigue dibujando gatos, pero estos empiezan a convertirse en otra cosa más… Ya no son esos animales adorables y reconocibles a simple vista, empiezan a metamorfosearse en una suerte de felinos fractálicos que se descomponen en líneas y colores vibrantes, hasta dejarlos fuera de nuestro fácil reconocimiento.



En esta parte, es importante aclarar la importancia de Wain por dos razones que más adelante serán profundizadas:

1.     La búsqueda de Wain en cuanto a los gatos como un signo que muta de lo icónico a lo simbólico, disparándose en una exploración que en su etapa final no tiene un estilo de representación fija.

2.     La figura de Wain como arte de aparato, no sólo en cuanto al desmontaje del dispositivo del dibujo retiniano, sino en cuanto a el desmontaje de la figura del “Gran Arte” del poder hegemónico –recordemos que es un “ilustrador”, un “artista menor” que no será inserto en la historia del arte moderna, hasta su recuperación en la postmodernidad por la figura del Arte Marginal.



1.5 De sígnicos  gatitos-ícono a simbólicos felinos-fractal (o como la loca de la casa tenía razón después de todo).


Recordemos lo que planteaba Peirce en cuanto al signo como entidad mediadora entre el sujeto y el mundo, signo es ante todo representación y es en este sentido que construye nuestro mundo. Los signos son operaciones mentales que nos ayudan a comprender y comunicar todo lo que nos rodea, desde lo simple a lo complejo.

Recordemos también que no todos los signos son iguales y comunican en diversos niveles y es aquí donde Durand nos habla no sólo del símbolo como el signo humano por excelencia, sino de la imagen como una de las formas más socorridas en cuanto a esto.

En cuanto a la etapa de Wain como ilustrador comercial nos podemos dar cuenta de una mano sumamente hábil y una mente ingeniosa, ya que sus imágenes son atrayentes, bien realizadas y llamativas por la manera de representar a los animales, en especial a los gatos. Es importante aclarar que la representación animal –animalística- y muy en especial la representación animal antropomorfizada es desde muchos siglos atrás ya un tema de tratamiento común en el mundo y en occidente en específico; basta ver como ejemplo las pinturas de animales del barroco o flamenco o las miniaturas medievales para darnos cuenta de que la relación simbólica y pragmática entre el ser humano con el animal no es nada nuevo.





[9] y [10]


En este sentido la producción temprana de Louis es bastante tradicional en fondo y forma, no busca revelarnos nada nuevo en cuanto a lo ya anteriormente planteado en la historia del arte, y su manera de abordar la figura animal es completamente icónica, ya que persigue la copia reconocible del animal y los objetos de lo real. Es ante todo, una suerte de “curiosidad” que no busca más que satisfacer la intención de descubrir algo que uno no conoce a profundidad. Es un acercamiento pícaro pero superficial de la relación entre humano y animal. Aunado a esto es importante recalcar que el uso de animales domésticos en la obra primera de Wain apunta también a cierta relación de comodidad, ya que sus gatos son estos seres simpáticos, amigables, que nos producen ternura y/o asombro. No buscan producir ningún tipo de sensación que no sea liviana o juguetona.




Igualmente podemos discernir a los personajes en un fondo, un entorno claramente reconocible y que nos permite diferenciarlos: personaje y fondo no son parte de los mismo, sino elementos diferenciados en la imagen que nos informa de situaciones cotidianas y hasta de cierta manera cliché.

Los colores son representativos de los objetos a los cuales se refieren y esto también aporta de la intención retiniana de la imagen.

Radicalmente opuesto a esto podemos ver en las últimas etapas de Louis una representación del gato de manera simbólica, ya que se “parece” por muy poco a un gato común; no busca ser copia exacta, ni causa-efecto, busca reflejar una dimensión fuera de lo convencional.

En estas imágenes el personaje y el fondo se fusionan, siendo uno parte integral de otro, no busca la perspectiva, ni la representación visual de un espacio dado, solo ser un color que es parte del todo.

Los colores, por su parte, son fuertes y no son copia del animal real, de hecho todo el dibujo es a momentos mínimamente reconocible en cuanto a su representación de un gato y cambia de manera formal de un dibujo al otro, no dando lugar a una representación estandarizada.

Para profundizar en esto podemos citar otra vez a Durand:


Es por eso que una imagen simbólica necesita ser revivida sin cesar, casi como un trozo musical o un héroe teatral requiere de un “interprete”. Y el símbolo, amenazado, como toda imagen, por el regionalismo de la significación, corre peligro de transformarse en cada momento en lo que R. Alleau llama acertadamente un “sistema”, es decir, en una imagen que tiene ante todo una función de reconocimiento social, una segregación convencional. Podría decirse que se trata de un símbolo reducido a su potencia sociológica. Toda “convención”, aunque esté animada por las mejores intenciones de “defensa simbólica” es fatalmente dogmatica. (Durand, 1968)


La primera producción de Wain puede ser entendida entonces como un sistema, una convención que resulta signo, pero nunca símbolo en cuanto a la reducción de su potencia. No refleja la naturaleza ambigua y extraña del símbolo y por lo mismo, no nos ofrece nada distinto a lo que ya estamos acostumbrados a ver.

Por otro lado y apoyando esto antes planteado, tenemos la última parte de la producción del autor; estas representaciones de felinos que poco tienen del objeto real, pero si muchísimo del símbolo en cuanto a su carácter mutable y lejano.[12]

El felino es entonces para Wain símbolo de este animal que puede ser domesticado sin perder su capacidad de misterio e independencia y que es, ante todo, un animal que pareciera no terminar de ser “domesticado” del todo… Nos produce sensaciones más cercanas a la perplejidad y la conmoción.

Es el felino-fractal el que nos recuerda de la multiplicidad del símbolo y de la naturaleza, de las miles de millones de formas del animal en cuanto a signo y realidad tangible.



Y es, a su vez, un símbolo, ya que en sus representaciones no hay fórmula alguna, estos gatos se repiten una y otra vez sin ser siempre los mismos. En cada uno de los dibujos de esta etapa de Wain, se reformulan el color, las tensiones entre los elementos visuales, las formas. Pareciera que el autor mismo está consciente de la naturaleza mutable del símbolo y que, en consecuencia, sabe que una vez terminado ese dibujo su formulación tiene, inevitablemente que ser desplazada por otra.




1.6 De Louis como dispositivo en el mundo del Gran Arte-aparato (In your face, bitches!)


Es la parte primera y la final de la producción de este artista las que apuntan a su vez sobre la imagen como aparato y como dispositivo.

La parte inicial del trabajo de Wain no pasa de ser una manera estilística de moda de su tiempo, el dibujo, el uso del color, los temas no son nada que no encararan con menor o mayor destreza otros ilustradores -de ese momento o de siglos atrás-. Es decir, la imagen creada por Louis es resultado de una sensibilidad generada por su tiempo –y heredera de tradiciones estilísticas más antiguas, que, para el público receptor de sus postales e ilustraciones, probablemente quedara inadvertido.[14]
Así esta etapa puede decirse que suscribe de buena manera la idea de dispositivo, ya que no establece ninguna ruptura con la visualidad en boga y responde cabalmente a las convenciones estilísticas de su momento histórico.



En contraste, podemos decir que la última etapa de su producción es, en efecto, aparato, ya que establece claramente una ruptura clara a la convención estilísitica y genera una multiplicidad y una flexibilidad muy propia de su naturaleza simbólica. Acá el felino-fractal es parte de lo que después entenderemos como Arte marginal: Una nueva manera de entender la figura del autor y la producción artística.




CONCLUSIÓN (la última y nos vamos…) .

Podemos hablar entonces de que la etapa última de la producción de Wain, es en un sentido un conjunto de imágenes simbólicas que forman aparato y –en términos de Déotte) una cosmética; la cosmética del Arte marginal, que nos propone una manera perimetral de “hacer arte” y un co-relato a lo establecido por el régimen de poder hegemónico (ese Gran Arte que decide que es digno de ser considerado y que no). En Sobre la cosmética, Adolfo Vera, genera un glosario de términos en el libro de Déotte y nos comenta:

En tanto «configuraciones técnicas de lo que aparecer, los aparatos determinan un modo particular de legalidad. Por cosméticas, entonces, es necesario entender las distintas visiones de mundo, (Kosmos) que, en épocas y geografías específicas, poseen las comunidades, siempre en relación con modos de escritura, o superficies de inscripción, particulares. (como se cita en Déotte, 2012)

La visión de Louis y de los artistas marginales, es la de estar siempre periféricos y establecer una visión del mundo de la multiplicidad, del campo ambiguo de lo simbólico, de la pluralidad. Es, de alguna manera, que la periferia permite que el arte no sea “uno y único”, sino que sea un espacio donde la creación trasciende al sujeto y al contexto específicos. En Wain, como en otros tantos, lo importante es a final de cuentas la imagen, esa imagen que le abre las puertas a la fascinación y a lo sublime.

Los gatos-fractal de Louis, se “sostienen por si solos”, desde el momento en que los vemos: no hace falta conocer toda la obra del autor, o su trayectoria para poder intuir que hay algo ahí, magnético, potente, que nos atrapa. No buscan ser copias retinianas, o dibujos virtuosos –aunque lo sean de todas formas-. Hay en ellos, en su reformulación, una suerte de invocación a aquello que no puede nombrarse y que es, en palabras de Durand una repetición perfeccionante… merced a aproximaciones acumuladas.

Así podemos decir que el Arte marginal –ejemplificado por el caso visto en este texto- al ser marcadamente simbólico, puede des-pertificar, des-rigidizar, al campo del arte por medio de la ruptura del abuso de usos estilísticos gastados y reiterativos. Ya desde el momento en el cual el artista deja de preocuparse por el circuito de validación de su obra –museo moderno, galería- y se dedica a atender sus propias reflexiones, muchas veces desde el campo de lo no verbal, es cuando se puede lograr un desplazamiento en las formas petrificadas.

La figura del artista marginal es importante por que de entrada “no tiene nada que perder”, es decir, sabe de antemano que muy probablemente su trabajo no sea comprendido por su tiempo y espacio y es justamente en ese sentido que puede apostar sin miedo a su propuesta. La exploración así, se despoja de los “valores culturales tradicionales”[17] y se vuelve íntima, no sin seguir teniendo la resonancia simbólica que nos hace conectar con ella

Aunado a esto, los autores marginales, permiten trascender al dispositivo como visualidad formal naturalizada –sensación de eternización- y convertir a la imagen artística en aparato, desmontando los presupuestos –dogmas- del poder hegemónico en cuanto a los conceptos tanto de “arte”, como de “artista”.



FUENTES DE CONSULTA:


Anónimo (1890). Louis Wain at his drawing table. Fotografía. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Wain

Anónimo. (segundo cuarto del S.XIII). Bestiary; Folio #: fol. 051r. Miniatura. Recuperado de: https://artstor.blog/2013/09/27/the-blessing-of-the-animals-an-artstor-bestiary/bodleian_10310768108-2/

Charles S. Pierce. (1958). The Collected Papers of C. S. Peirce. E.U: Cambridge: Harvard.

Durand Gilbert. (1968). La imaginación simbólica. Buenos Aires: Amorrortu.

Déotte Jean-Louis. (2012). ¿Qué es un aparato estético?. Santiago de Chile: Metales pesados.

Kennedy Philip. (2016). Cute Cats and Psychedelia: The Tragic Life of Louis Wain. 2018, de http://illustrationchronicles.com Sitio web: http://illustrationchronicles.com/Cute-Cats-and-Psychedelia-The-Tragic-Life-of-Louis-Wain


Van Kessel F. (1690). La danza de las ratas. Pintura. Recuperado de:  https://imgflip.com/memetemplate/107623294/Dancing-Rats

Wain L. (1886). Shortears Began And Sung A Solo. Then All The Cats Joined And Sung The Chorus To Madame’s Satisfaction. Grabado. Recuperado de: http://illustrationchronicles.com/Cute-Cats-and-Psychedelia-The-Tragic-Life-of-Louis-Wain

Wain L. (S/A). Sin título. Dibujo. Recuperado de: https://www.samwoolfe.com/2013/08/louis-wains-art-before-and-after.html


Wain L. (S/F). Catching the boat. Postal. Recuperado de: https://www.samwoolfe.com/2013/08/louis-wains-art-before-and-after.html



Wain L. (S/A). Kaleidoscopic Cats VIII. Dibujo. Recuperado de: https://curiator.com/art/louis-wain/kaleidoscopic-cats-viii


[1] Esto en un sentido “Foucaultiano”: es decir historia un saber subordinado –episteme, o “verdad”- y un poder hegemónico como el discurso dominante en un tiempo y espacio específicos. (Este sentido deberá discutirse en otro texto, ya que su sustentación con el mundo del arte y los artistas es todo otro tema aparte, digno de ser profundizado).
[2] Anónimo (1890). Louis Wain at his drawing table. Fotografía. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Louis_Wain
[3] … the diagrammatic sign or icon, which exhibits a similarity or análogy to the subject of discourse; the second is the index, wich like a pronoun demonstrative or relative, forces the attention to the particular object intended without describing it; the third (or symbol) is the general name or description wich signifies its object by means of an association of ideas or habitual connection between the name and the carácter signified.  Charles S. Pierce. (1958: 1218). The Collected Papers of C. S. Peirce. E.U: Cambridge: Harvard.
[4] Dilthey es un autor representativo de la hermenéutica del siglo XIX. Su aporta más significativo fue el de dividir el conocimiento en campos de diferenciación interpretativa: por un lado menciona que hay Ciencias de la naturaleza, que necesitan explicarse, más que comprenderse, por ser comprobables y verificables –matemáticas, geología, biología- y por otro las Ciencias del espíritu, que necesitan comprenderse ya que implican compenetración con lo humano –filología, psicología, filosofía-.
[5] Durand Gilbert. (1968). La imaginación simbólica. Buenos Aires: Amorrortu.
[6] Déotte Jean-Louis. (2012). ¿Qué es un aparato estético?. Santiago de Chile: Metales pesados.
[7] Waine L. (1886). Shortears Began And Sung A Solo. Then All The Cats Joined And Sung The Chorus To Madame’s Satisfaction. Grabado. Recuperado de: http://illustrationchronicles.com/Cute-Cats-and-Psychedelia-The-Tragic-Life-of-Louis-Wain
[8] Waine L. (S/A). Sin título. Dibujo. Recuperado de: https://www.samwoolfe.com/2013/08/louis-wains-art-before-and-after.html
[9] Anónimo. (segundo cuarto del S.XIII). Bestiary; Folio #: fol. 051r. Miniatura. Recuperado de: https://artstor.blog/2013/09/27/the-blessing-of-the-animals-an-artstor-bestiary/bodleian_10310768108-2/

[10] Van Kessel F. (1690). La danza de las ratas. Pintura. Recuperado de:  https://imgflip.com/memetemplate/107623294/Dancing-Rats

[11] Wain L. (S/F). Catching the boat. Postal. Recuperado de: https://www.samwoolfe.com/2013/08/louis-wains-art-before-and-after.html
[12] en cuanto a lo retiniano.
[14] es en este sentido que también se sostiene la idea de la “curiosidad” como un descubrimiento personal de algo que YA existe en el mundo, pero no para el que la mira por primera vez.
[16] Wain L. (S/A). Kaleidoscopic Cats VIII. Dibujo. Recuperado de: https://curiator.com/art/louis-wain/kaleidoscopic-cats-viii
[17] la convención, por ejemplo.

jueves, 20 de abril de 2017

Coloquio Manga UAEMex (REY POKU)

Ahora tuve la buena suerte de que me invitaran a un coloquio sobre cultura pop japonesa el 19 de Abril de este año, en la Universidad del Estado de México, la gente es súper chida y nos trataron a todos requetebién!






(Imagen vilmente rateada de la página de la UAEMex)

Y bien, pa los que no pudieron ir o los que no quisieron pero tienen el morbo (y el tiempo) de leer la ponencia que escribí, acá les va! Saludos!




REY POKU: Representaciones hibridas en el campo de la imagen artística.


ABSTRACT: En este documento se analizará por medio de las definiciones de Arte libre y Arte servil y la Semiósfera de Yuri Lotman, el intercambio y alcance que la cultura popular japonesa ha tenido con las manifestaciones artísticas en occidente.

Palabras clave: Cultura pop, Japón, occidente, manga, anime, representación, semiósfera, arte.

INTRODUCCIÓN: Heredero de la corriente moderna del Arte Pop estadounidense, el arte contemporáneo inspirado por la cultura popular japonesa es a todas luces un claro ejemplo de cómo desde la posmodernidad los fenómenos visuales son el resultado del intercambio cultural, social y sígnico propio de nuestros días.

No es de sorprender el hecho de que las fronteras entre el arte tradicional, las manifestaciones populares y los lenguajes visuales hayan tenido, por diversas razones, intensos intercambios que originan un territorio con fronteras difusas y complejas, díficiles de encasillar o etiquetar.

Para comprender como y por qué la visualidad de la cultura pop japonesa –en especial el manga y el anime- ha sido absorbida y naturalizada por el arte occidental, analizaremos los elementos claves que la conforman y su articulación con la producción artística contemporánea.


1.     EL ARTE POPULAR.

  Para hablar del arte popular nos apoyaremos en uno de los planteamientos clásicos de la filosofía occidental: el de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. Según este autor, las modalidades del arte se empiezan a perfilar desde la distinción entre el Arte libre y el Arte servil.

El Arte libre es entendido como un medio que busca la reflexión desde y en sí mismo como un fin, que apela a lo sublime y detona el pensamiento y el exámen. Por otro lado el Arte servil  tiene fines ajenos a sí mismo y , podríamos decir,  genera sólo un goce inmediato vinculado a una función de esparcimiento o a una función utilitaria. Sobre esto, Hegel (1989) expresa:

…Por primera vez en esta libertad es el arte bello verdaderamente arte, y sólo resuelve su tarea suprema cuando se sitúa en un círculo común junto con la religión y la filosofía, convirtiéndose en una forma de hacer consciente y expresar lo divino, los intereses más profundos del hombre, las verdades más universales del espíritu…

…el arte puede utilizarse como un juego fugaz al servicio del placer y de la distracción, para decorar nuestro entorno, para hacer agradables las circunstancias exteriores de la vida y para resaltar otros objetos mediante el adorno. Efectivamente, bajo estas modalidades, no es arte independiente, libre, sino servil… (p.9) [1]

Para este autor el Arte servil tiene como fin el relajamiento del espíritu, es decir que su fin no consiste en ser una reflexión sobre sí mismo, sino en ser una manifestación estética que se apoya en, esencialmente la función ornamental.

Bajo este entendido podemos decir que las nociones de “Gran arte” y “Arte popular” estarían inscritas en este tipo de modalidades: por un lado, tendríamos el arte de galerías y museos, de autores reconocidos por su genio y sus propuestas profundas, substanciosas y propositivas y ,por el otro, tendríamos todas las manifestaciones estéticas cuya existencia se apoya en la idea de ser “útiles” en cuanto a su capacidad de entretener, adornar o subordinarse a otras ideas o funciones.

El Arte popular sería entonces un “arte para las masas”,  ya sea que hablemos desde el campo de lo tradicional o de lo comercial. De esta manera pareciera encontrarse destinado a estar siempre supeditado a “algo más” ya sea el mito o la moda y sus manifestaciones aparecen en donde se encuentra lo colectivo o lo popular: las artesanías, el diseño, o la ilustración son encarnaciones de las diversas formas en las que tradicionalmente puede manifestarse el arte pop.


2.     EL ARTE POP.

Es a partir de los inicios del siglo XX y de la propuesta transgresora de las vanguardias artísticas como el Dadá o los diversos ismos, que advertimos un desplazamiento entre estas modalidades del arte y sobre todo la disolución de las fronteras que dividen a lo que se consideraba como lo sublime y el simple entretenimiento.

El arte Pop es la cristalización por excelencia de esta disolución. Fue un movimiento surgido a partir de la década de 1950 en Inglaterra y sobre todo en Estados Unidos y representó una reacción a lo que los artistas de esta corriente consideraban “ vacío y elitista”. Éste movimiento se caracteriza por utilizar imágenes y temas propios de la sociedad de consumo y de los medios de comunicación, para aplicarlos a “plataformas” propias de artes como la pintura, la escultura, o el dibujo, entre otras.

El propósito del Pop es el de reflejar la supuesta “superficialidad de los elementos de la cultura de masas”; retoma la representación de productos de consumo accesibles a todos y los resemantiza, cambiando de entrada lo que creíamos que era el “Gran arte” y criticando sobre todo al circuito de comercialización y consumo de este. Con esto intenta en parte destacar la inexpresión y la impersonalidad del objeto, y alejarse de cualquier tipo de subjetividad del artista o de su intención de acercarse a lo considerado como sublime.

El uso del recurso de la repetición es otra de las características que abunda en este planteamiento, imitando a los medios de comunicación en donde se usa como recurso tanto para fijar la información como para redundar y saturar a la sociedad sobre contenidos considerados “serios”. Por lo tanto, en este punto de la evolución del arte, el arte ya no imita la vida, sino que es la vida que reflexiona a partir de la construcción de la imagen como mercancía.

Igualmente, resulta pertinente comentar que el paso de la sociedad capitalista moderna hacia el capitalismo global marca un cambio importante en cuanto a la generación y el consumo de la imagen y del arte: a partir de la aparición de los medios masivos de comunicación y del aumento de la burguesía como nuevo nicho de mercado, se produce un “boom” de consumidores de la imagen, que  impulsarán no solo a los “grandes artistas” y sus obras “trascendentales”, sino a autores populares que se encargarán de enfocar su reflexión sobre otro tipo de soportes y campos de la imagen.

3.     EL INTERCAMBIO ENTRE OCCIDENTE Y ORIENTE.

Conviene revisar brevemente la historia del intercambio entre la cultura popular occidental y la cultura popular japonesa.

Hokusai, uno de los grabadores más importantes en Japón, considera al término Manga algo así como garabatos-caprichos, teniendo una connotación algo despectiva o referida a algo poco serio, debida principalmente al carácter de este medio: básicamente libre y popular. En general este carácter se sigue sosteniéndo en el común de la gente, englobando por igual a las palabras tebeo, historieta o cómic.

La influencia del cómic estadounidense en Japón ocurrió hasta finales del siglo XIX, justamente cuando este país entra de lleno en contacto con la cultura occidental, a partir de 1853 personajes como Charles Wirgman o George Biot trabajan como ilustradores en The Japan Punch una revista de corte político. Ya para 1920 muchos artistas japoneses habían viajado a Estados Unidos maravillados por los cartones e historietas tipo “Sunday Funnies”.

A partir de entonces empieza a aparecer trabajo de japoneses haciendo historieta influenciada por Estados Unidos, como el de Shigeo Miyao (Manga Taro), o el de Rakuten Kitazawa, auténtico pionero en este campo y que fue el responsable de generalizar en término Manga, gracias a su suplemento Jiji Manga.

La primera tira moderna de Japón (influenciada por occidente) fue Nonkina Tousan de Yukata Aso y otros como Speed Taro, proyectaron a Japón hacia el comic moderno, semejante al americano.

A partir de la Segunda Guerra Mundial y de la derrota de Japón en ésta, los Manga cambian radicalmente, los horrores de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki dan a este pueblo nuevos monstruos terribles, inspirados en un país devastado, empobrecido y radioactivo. De esta generación destaca en especial el caso de Osamu Tezuka, el “dios del manga”, autor de series como Astroboy o Kimba, el león blanco; este hombre fue el que definió más claramente las características narrativas y estéticas de lo que sería el Manga contemporáneo. Encantado por el estilo occidental del dibujo tipo Disney o los personajes como Betty Boop, retoma varios elementos, como los grandes ojos (que le parecían muy expresivos, aunque desde antes ya eran usados en los Shojo o Manga para chicas por las mismas razones) o los rasgos infantiles. Además, fascinado por la narrativa del cine europeo le da a la ficción gráfica un claro toque de narrativa analítico-introspectiva que definitivamente haría escuela...

Hoy en día el Manga es lo que podríamos definir como una narración gráfico-literaria con dibujos estilizados a la usanza japonesa. Por lo general estos dibujos ( contrariamente a los trabajos occidentales impresos variadamente en color o tinta negra sobre papel blanco) son impresos mayoritariamente en tinta negra, muchas de las veces sobre papeles de color rosa o sepia, su lectura es de derecha a izquierda en vertical y su producción es de miles ejemplares de entre 300 y 1000 páginas con una periodicidad semanal o mensual.




4.     EL POP JAPONÉS Y EL OTAKU EN OCCIDENTE.

En la actualidad -y gracias en parte a fenómenos como la globalización y la entrada ya naturalizada de los medios masivos de comunicación al entorno doméstico y urbano- son ya varias las generaciones que crecieron permeadas por lo que conocemos como la cultura pop japonesa. Todo, desde los lápices de animalitos estilizados, pasando por playeras de lagartos gigantes atacando ciudades, Sushi, y marcas de tostadores con gatitos sin boca, hasta un gran porcentaje de caricaturas y programas de entretenimiento representan un síntoma claro de cómo esta cultura se ha ido infiltrando en las vidas de occidente de una forma discreta pero pertinaz y segura.

Es más o menos a mediados de los años 60 ́s y principios de los 70 ́s cuando empiezan a llegar a México y a otros países las primeras series japonesas. Ya para mediados de los ochenta animaciones como Candy- Candy, Remi o Heidi (caricaturas en su mayoría basadas en clásicos de la literatura infantil de occidente) junto con otros títulos formaban más de la mitad del contenido de los programas de las barras infantiles en varios países. Muchos de ellos se transmitían en las horas pico o de más audiencia... y no nada más los niños las veían, hordas de adolescentes y post adolescentes interesados en series como Robotech, Caballeros del Zodiaco o Gigi, se entretenían con estas pequeñas novelas animadas que, por cierto, estaban muchas veces lejos de ser la versión endulcorada de las producciones de Disney.

El fenómeno de las animaciones y series japonesas, junto con la entrada de las famosas “maquinitas” de las farmacias y las líneas de videojuegos como el Intelevision o el Atari fué caldo de cultivo para lo que ahora en el siglo XXI es conocido como el fenómeno de los Otakus: legiones enteras de personas adultas, naturalizadas e interesadas desde niños en la estética pop japonesa , en sus series y sus caricaturas, gente que, ya de adultos diversifica su interés a los mangas y sus personajes, se vuelven coleccionistas de muñecos, películas, revistas y compilaciones: Estas legiones están constituidas por los consumidores de la visualidad pop japonesa. Es decir: la invasión estética e ideológica planteada a principios del siglo XX por el pop de occidente se topa con su correlato en el creciente interés y demanda de productos generados desde el pop japonés.

Es de medular importancia aquí detenerse a plantear a la imagen como medio de comunicación. Ésta es considerada por algunos autores como una construcción sígnica, es decir, que está constituída de signos verbales (escritos, hablados) y signos visuales (colores, formas, composiciones, etc) que trabajan conjuntamente para informarnos no solo de la realidad tangible, sino de fenómenos como lo contextual, lo social y la ideología.

Uno de los postulantes de la relación entre signo y contexto es Iuri Mijáilovich Lotman, fundador de la Escuela de Tartu y figura central de la semiótica cultural. La semiótica cultural constituye el campo de estudio que plantea la importancia de tiempo y lugar determinados para la generación de los llamados “espacios signicos”.

Estos espacios, designados como “semiósferas”, son universos simbólicos constituídos por signos de una cultura, tanto generales, como grupales y se conforman por los actos comunicativos de los individuos que la integran, sobre esto Lotman (1996) apunta:

…  Se puede considerar el universo semiótico como un conjunto de distintos textos y de lenguajes cerrados unos con respecto a otros… La semiósfera es el espacio semiótico fuera del cual es imposible la existencia misma de la semiosis… (p13)[2]

Según Lotman, las personas viven dentro de una semiósfera que contiene todos los signos posibles de la cultura a la que pertenecen. La comunicación  verbal y no verbal en una cultura depende del sistema de signos que se crea en ella. 



Los signos pueden ser los mismos en varias culturas, pero lo que los define en cada una de ellas es su significación. De aquí surge la idea de que cuando se desea comunicar algo, la comunicación depende de que quien reciba el mensaje pueda descifrar los signos con la misma significación que tiene para quien lo emite. Independientemente de que el intercambio simbólico sea directo o indirecto (mediatizado) se requiere que todos los miembros participantes de la comunicación conozcan los signos con la misma significación dentro de una determinada cultura. Al entender esto, se entiende mejor la comunicación, lo cual permite adecuar el mensaje a la semiosfera de la cultura a la que pretende dirigirse.

En el caso de la relación entre las visualidades populares de Japón y occidente podemos ver no solo signos contextuales propios de sus culturas, sino otros que delatan el intercambio intenso entre estos dos espacios sígnicos.



En el caso específico del arte contemporáneo occidental, este espacio no ha estado exento de presentar estos intercambios, de los cuales se reflexionará a continuación.

5.     KING POKU.

(Takashi Murakami)

Para empezar a hablar del Poku, empecemos por citar a Takashi Murakami, uno de los artistas más importantes de esta corriente:

...Soy uno de los perdedores que falló en volverse el Rey de Otaku... [3]

El término Poku como tal viene de la suma de dos términos: Pop, refiriéndose a la cultura popular y Otaku, término que se refiere a la gente adulta fanática de las series animadas, el Manga o la ciencia ficción, entre otros. Este nombre nos remite a una serie de constructos, objetos y personajes culturales que están dedicados a crear no solo mercados, sino a impulsar una serie de estéticas literarias, cinematográficas (como el Ciber punk en series como Akira, Lain o Ghost in the Shell o la ciencia ficción de Robotech o Evangelion) y plásticas (como en los Manga como Astroboy o las esculturas de Kitty), que han cobrado fuerza de forma significativa en el arte contemporáneo y sus autores.

La cultura Poku o lo que podríamos designar sencillamente como el arte Poku, va no solo en la forma, sino en el fondo mucho más allá de lo que originalmente se llamó Pop Art. Autores como Warhol o Linchenstein trataban de hablarnos de una era principalmente marcada por el vacío, donde las celebridades eran equivalentes a una lata de sopa, o a cualquier otra mercancía común y trataban de evidenciar el vacío creado por la relación entre la imagen y el mercado.

En el Poku no existe una intención premeditada de hablar de Gran Arte o un propósito de elevar, legalizar o sacralizar el arte popular; su origen estriba solamente en una especie de cambio de circuito por razones tal vez personales, que no necesariamente tienen que ver con una crítica de un mercado artístico en particular, sino a la situación social de toda una generación.

Trágicamente, la generación Otaku está no solo familiarizada con la era de vacío de Warhol, sino que ha nacido y crecido en ella, y la ha convertido en la era de la desesperanza: Esta es una era para la cual el lema Punk del No future fue más una premonición que otra cosa, y así el productor Poku marcado por este sino se vuelve un doble outsider: no es el Rey de los Otakus, pero tampoco es un Gran Artista. Acerca de esto apunta Murakami:

No. En mi perspectiva, yo debería haber sido tan popular como Damien Hirst y debería haber salido en la portada de una revista de arte como Rirkrit Tiravanija. De hecho, no estuve. Fue la limitación de mi talento...[4]

Puede decirse, a grandes rasgos, que las características de la producción Poku son las siguientes: Una fascinación nostálgica por los elementos referenciales a su infancia y a la cultura pop; una posición bastante escéptica en relación con su entorno (especialmente a lo que los circuitos del Gran Arte se refiere) y, sobre todo, un gran sentimiento de pérdida y desesperanza, reflejo de la situación de crisis económica/social/ideológica en la cual como generación han tenido que crecer.

Curiosamente, también se puede mostrar un extraño apego a formas técnicas demodé como la pintura y la escultura. Muchos de estos autores en vez de concentrar la producción en coherencia a la fuente original de la cual surge su iconografía (como la televisión, el offset o las computadoras) siguen construyendo objetos bidimensionales o tridimensionales con técnicas tradicionales: ésta posición también se torna en apatía hacia el concepto moderno de innovación o avance, y de paso, en una herramienta de cuestionamiento al engolosinamiento sintáctico de ciertos circuitos artísticos con técnicas basadas en la tecnología como el video o los recursos multimedia.



En autores como el ya citado Murakami, Yoshitomo Nara, James Roper, o Jed Henry podemos ver no solo la marcada influencia del manga o el anime, sino también una intención de desplazar el sistema de signos histórico-contextuales en las cuales han estado sumergidos: se trata de una generación de autores que se rehusa a dar la espalda a aquellos referentes visuales culturales de los cuales se enamoraron desde pequeños y que intenta desplazar del campo del entretenimiento formas visuales con las cuales hoy en día estamos ya naturalizados, como una forma de generar una traducción hacia un nuevo campo de representación.

(Yoshitomo Nara)


En una curiosa vuelta de tuerca, los autores Poku “devuelven” a la semiósfera de occidente una manera de representación “foránea” que los marca como generación y por medio de ella reflexionan sobre un entorno artístico donde la hibridación no es ya una moda, sino una articulación normal. Las semiósferas del comic, del arte de galería, de las culturas pop americana y japonesa convergen en un nuevo universo visual donde los intercambios son intensos y dinámicos; las imágenes se vuelven perturbadoras por parecer “huecas” o “banales”, pero al estar alejadas de un afán de entretenimiento se vuelven algo más, algo que nos habla de otras maneras de entender al arte: El arte como campo de juego y exploración sobre la representación, los signos y el devenir de su significado. Sobre estos intercambios y  a manera de cierre apunta Lotman (1996):

Precisamente eso es lo que se halla en la base de la idea de la semiosfera: el conjunto de las formaciones semióticas precede al lenguaje aislado particular y es una condición de la existencia de este último. Sin semiosfera el lenguaje  no sólo no funciona, sino que tampoco existe. Las diferentes subestructuras de la semiosfera están vinculadas en una interacción y no pueden funcionar sin apoyarse unas en las otras. En este sentido, la semiósfera del mundo contemporáneo, que, ensanchándose constantemente en el espacio a lo largo de los siglos, ha adquirido en la actualidad un carácter global, incluye dentro de sí tanto las señales de los satélites como los versos de los poetas y los gritos de los animales. La interconexión de todos los elementos del espacio semiótico no es una metáfora, sino una realidad (p.20).[5]

                                                                                                                               

(JedHenry)                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                       














  

BIBLIOGRAFÍA: 

Georg Wilhelm Friedrich Hegel. (1989). LECCIONES DE ESTÉTICA. España: Península. - Traducción del alemán de Raúl Gabás-

Lotman, Iuri. (1996). Semiosfera I. Madrid: Ediciones Cátedra. -Selección y traducción de Desiderio Navarro-


[1] Georg Wilhelm Friedrich Hegel. (1989). LECCIONES DE ESTÉTICA. España: Península. - Traducción del alemán
traducción de Raúl Gabás-
[2] Lotman, Iuri. (1996). Semiosfera I. Madrid: Ediciones Cátedra. -Selección y traducción de Desiderio Navarro-
[3] ... I ́m one of the losers who failed to become a king of Otaku... Mako Wakasa. (2000). takashi murakami. 2017, de JOURNAL OF CONTEMPORARY ART Sitio web: http://www.jca-online.com/murakami.html
[4] No. In my prospect, I should have been as popular as Damien Hirst and should have been put on a cover of an art magazine like Rirkrit Tiravanija. In fact, I wasn ́t. It was the limitation of my talent…  Mako Wakasa. (2000). takashi murakami. 2017, de JOURNAL OF CONTEMPORARY ART Sitio web: http://www.jca-online.com/murakami.html
[5] Lotman, Iuri. (1996). Semiosfera I. Madrid: Ediciones Cátedra.

jueves, 16 de junio de 2016

Otros dibujitos...

Y acá seguimos, tratando de dibujar con otros tipos de trazo... Y van el acuarelaaaaaa! :3